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miércoles, 15 de abril de 2009

PSICOLOGÍA SOCIAL COMUNITARIA

    Objetivos de la Psicología Comunitaria

    • Toma de conciencia: de los problemas, de su situación, su identidad, sus recursos y su utilización colectiva para resolver problemas comunes.
    • Desarrollo de elementos de tipo motivacional: de tal manera que las personas sean capaces de organizarse en torno a lo que perciban como meta de cambio.
    • Autogestión: utilizar los recursos de la propia comunidad de forma independiente.
    • Socialización: en el sentido de trabajo organizado.
    • Educación popular: mediante la toma de conciencia. Trabajando con grupos ya organizados con quienes se negocian determinados objetivos. Su labor principal la entrega de elementos que faciliten la toma de conciencia.
    • Salud mental comunitaria: mediante la psicología comunitaria se busca entregar apoyo a los grupos de mayor riesgo que viven situaciones problemáticas. Se asemeja a la psiquiatría comunitaria porque se orienta más a problemas de salud mental.
    • Actividades productivas: se ligan al objetivo de autogestión, permiten mayor autonomía y poder.
    • Desarrollo comunitario: vinculado a la idea de generar trabajo organizado.

    Diagnóstico Comunitario

    Una de las etapas a seguir en el trabajo sobre la comunidad es el Diagnostico comunitario participativo, el cual me pareció importante destacar ya que involucra conceptos como participación y aprendizaje.
    El Diagnóstico Comunitario es el arte de buscar la causa de un problema o temática comunitaria y descubrir los recursos para resolverlo. Gracias a la aplicación del Diagnóstico Comunitario se busca explicar la situación y definir las necesidades de las comunidades; a partir de autodiagnósticos comunales que se realizan en cada una de las comunidades campesinas, indígenas y juntas vecinales, con el objetivo de identificar problemas, potencialidades y sus limitaciones.
    El diagnóstico tradicional de las comunidades plantea que existen unos pocos señores expertos (intelectuales y profesionales), que determinan y definen el conocimiento de la realidad, mientras que el resto de la sociedad debe aceptar pasivamente las verdades que esas minorías académicas deciden.
    En cambio, el diagnóstico participativo comunitario permite la participación de todos los vecinos en la construcción colectiva del conocimiento sobre la realidad, estableciendo una relación de intercambio democrático entre los profesionales y los habitantes de los barrios, urbanizaciones o pequeños poblados.
    La relación de intercambio democrático no es considerada como la transmisión unilateral de información (desde arriba hasta abajo) que ha impuesto la cultura dominante a través de sus mecanismos de control incluyendo la educación formal, sino dentro de un espíritu de diálogo y respeto mutuo del conocimiento de cada actor, donde los expertos en ciencias sociales aprenden de las comunidades y donde estas aprenden de los profesionales; en definitiva en donde todos aprendemos de todos. Este aprendizaje, basado en el intercambio, pasa por asumir que la verdad sobre la realidad de la comunidad siempre es una búsqueda compartida, que requiere mucho análisis crítico, mucha creatividad, mucha flexibilidad, pero también de disciplina y sistematización para así ser contundente en la confrontación con las verdades de la clase dominante.
    Maritza Montero (2003) define a la participación como “el elemento fundamental que permite que todas las demás características puedan desarrollarse, ampliarse, profundizarse o alcanzarse. Se refiere a la acción desarrollada por los miembros de la comunidad en función de objetivos generados a partir de necesidades sentidas y de acuerdo con estrategias colectivamente definidas, fundamentadas en la solidaridad y en el apoyo social”.
    Cuando los individuos “participan” junto a otros, pueden contrastar y enriquecer sus visiones acerca de la realidad, produciéndose una plurideterminación de la realidad social. Los grupos sociales pueden así, tener su propia versión de la realidad situándose de un modo distinto frente a la institucionalidad que normalmente impone la suya. En este sentido la participación operaría como un mecanismo de redistribución de poder (Rosa y Encina, 2004).

    El empoderamiento y el fortalecimiento

    Las relaciones de poder se pueden organizar de modo tal que permitan superar su concentración. Se trata de que no haya un solo poder, sino que juegos de poderes se pongan al servicio del enriquecimiento mutuo. Se trataría de interdependencia, pero también de autonomía para hacerse cargo del propio poder (responsabilizarse).
    En este marco, diversos autores han venido hablando de empoderamiento o apoderamiento cuando las personas son capaces de actuar por sí mismos sin delegar su poder a otro. Según Gil (2003), el apoderamiento (empowering) requiere que los sujetos sean capaces de asumir la iniciativa de conducir su propio destino con plena autonomía, aunque deba hacerse manteniendo relaciones de interdependencia con otros sujetos e instituciones.
    Desde su surgimiento el concepto de empoderamiento, ha desatado controversias entre los especialistas del campo comunitario. Este concepto surge en la década de los 70, en el caso de la psicología comunitaria como una crítica y proposición frente al trabajo comunitario guiado por el modelo de la prevención, que ponía el acento en los riesgos, vulnerabilidades y necesidades de las personas.
    Rappaport (1981, 1987) propuso el modelo de empowerment como un modelo que podía promover una alternativa de redistribución de recursos y de mayor participación de los sectores “menos favorecidos”. En esta perspectiva el concepto aludiría al proceso o mecanismo a través del cual personas, organizaciones o comunidades adquieren control o dominio sobre asuntos o temas de interés que le son propios (Sánchez, 1996). Los ejes centrales del concepto, serían la potenciación y fortalecimiento con la finalidad de sentirse y ser competentes en los ámbitos de interés para la propia vida.
    Francescato (1998) habla de participación y capacitación y utiliza el verbo “potenciar”; coloca sin embargo el término empowerment y entre paréntesis para referirse al desarrollo de la ciudadanía y al proceso por el cual se aspira a revitalizar a las personas “menos privilegiadas”, ayudándolas “a desarrollar sus puntos fuertes en vez de centrarse en sus debilidades”, con miras a lograr un cambio en el nivel comunitario.
    Sánchez Vidal (1996) revisa el significado de la palabra empowerment y dice que hace referencia “a permitir o capacitar, autorizar o dar poder sobre algo, alguien o para hacer algo, asumiendo que hay una condición de dominio o autoridad sobre ese algo”. También añade que empowerment designaría “el proceso de adquisición de esa habilidad (dominio o autoridad sobre algo) o la capacidad de dominio o control” (1997).
    Fawcet y otros (1994) dan una definición bastante específica del término al referirlo al “proceso de obtener algún control sobre acontecimientos, resultados y recursos de importancia para un individuo o un grupo”.
    Para Berger y Neuhaus, se requieren de ciertas condiciones político- sociales para dotar a los miembros de una comunidad de poder. Añade que el fortalecimiento educativo de las personas, se debería producir a través de la participación en estructuras intermedias generadas “desde abajo”, lo que requiere necesariamente del fomento y fortalecimiento del poder local.
    Como lo señala Marc Zimmerman (1999) el esfuerzo de ejercer control sobre las contingencias de las propias conductas o las conductas colectivas, es central pero no suficiente para ser considerado empoderado. Así, otro componente del proceso, es la acción colectiva, la conciencia crítica y movilización de recursos. Estos aspectos son posibles de encontrar en los niveles individual, organizacional y comunitario.
    En el nivel de análisis individual, se sugiere que la participación con otros, lograr metas, los esfuerzos para generar acceso a los recursos y una comprensión crítica del medio sociopolítico son básicos para el empoderamiento. En un nivel organizacional incluye procesos organizacionales y estructuras, que animan la participación de los miembros y estimulan la efectividad organizacional. Por último, en un nivel comunitario, el empowerment se refiere a las acciones colectivas para mejorar las condiciones de vida y las conexiones entre organizaciones de la comunidad y éstas con otras instancias o agencias. El empoderamiento comunitario, no es un agregado de empoderamiento individual, sino que considera variables de contexto que fortalecen las oportunidades individuales de empoderamiento. Por su parte, el proceso de empoderamiento, en un nivel organizacional puede incluir estructuras para liderazgo y toma de decisiones compartidas. En un nivel comunitario, puede incluir accesibilidad al gobierno, medios de comunicación y otros recursos comunitarios.
    Maritza Montero en su libro “Teoría y práctica para la psicología comunitaria” (2003), propone que el proceso de transformación de una comunidad en dirección positiva, se funda en el fortalecimiento comunitario y no en la transferencia de dominio, control y capacidad por parte de los agentes de la política social. Para esta psicóloga comunitaria, este proceso de fortalecimiento comunitario sería “el proceso mediante el cual los miembros de una comunidad (individuos interesados y grupos organizados) desarrollan conjuntamente capacidades y recursos para controlar su situación de vida, actuando de manera comprometida, consciente y crítica para lograr la transformación de su entorno según sus necesidades y aspiraciones, transformándose al mismo tiempo a sí mismos.
    Entonces, como alternativa al concepto de empoderamiento, el que critica por su falta de pertinencia cultural y por la confusión semántica, propone el concepto de fortalecimiento comunitario.

    Conclusiones

    Por lo tanto, se pretende mediante la capacitación y el fortalecimiento organizacional de la comunidad, favorecer su autogestión para su propia transformación y la de su ambiente, dando a la comunidad capacidad de decisión y de acción para inmediatamente favorecer su fortalecimiento como espacio preventivo.
    Los cambios sociales que hoy se viven en distintos niveles y que se expresan en la incoherencia de la interdependencia y fragmentación social, aumentan exponencialmente la complejidad de la vida. Esta complejidad, se expresa en la presencia de poderosas fuerzas sociales contradictorias que desafían a las personas a enfrentar cambios acelerados en múltiples campos de la vida.
    La participación activa de la población en el análisis de un conflicto social, debe involucrar como principal actor a la comunidad, la cual tiene la responsabilidad de determinar dentro de las alternativas disponibles, cuáles problemas están en condiciones de solucionarse con éxito y cómo debería solucionarse.
    El trabajo comunitario debe tener como finalidad provocar procesos de fortalecimiento para lograr que las personas tengan mayor capacidad de elección acerca del cómo y para qué vivir. El objetivo final sería conseguir el “desarrollo sustentable”, es decir una mejor calidad de vida. 

    ROCHA PATRICIA
    LIC. BIOTECNOLOGIA



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    Comentarios

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